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El sistema de estrella guía láser del Telescopio Muy Grande de ESO inicia sus operaciones científicas regulares.

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Fecha original : 2001-02-02
Traducción Astroseti : 2003-05-04

Traductor : Heber Rizzo
Artículo original en inglés
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Las Lunas Jovianas


Por: Redactor de Comunicaciones Científicas



Las cuatro grandes lunas de Júpiter fueron descubiertas por Galileo en 1610. Tres de ellas podrían contener océanos de agua líquida debajo de sus helados exteriores. El agua líquida es un pre-requisito para la vida. |

Nuestra Luna, si bien celebrada en canciones y en literatura por su belleza, no alberga vida. Sin atmósfera y con poco agua conocida, las condiciones de nuestra Luna no son las adecuadas para mantener vida como la entendemos. Existen, sin embargo, un total de sesenta y una lunas orbitando los nueve planetas de nuestro sistema solar, y algunas de ellas tienen atmósfera, moléculas orgánicas, agua, o energía calórica: las condiciones necesarias para que la vida pueda existir.

Las grandes lunas de Júpiter, por ejemplo, tienen algunas de las cualidades que podrían hacer posible la vida. Estas lunas, Io, Europa, Calixto y Ganímedes, son llamadas las Lunas de Galileo porque fueron observadas por primera vez por Galileo Galilei en 1610. Estas lunas fueron bautizadas individualmente por el astrónomo alemán Simon Marius, quien las descubrió el mismo año que Galileo.

Otros materiales pueden posiblemente combinarse para crear la vida, pero no tan fácilmente como la combinación de agua líquida y de materiales orgánicos como el carbono. El carbono es abundante a través del universo y, lo que es más importante, puede formar una asombrosa variedad de intrincados compuestos. El agua líquida ayuda a este proceso actuando como un medio estable en el que puedan disolverse las moléculas orgánicas, mientras que al mismo tiempo es lo suficientemente fluida como para que esas moléculas interactúen entre ellas. Ninguna otra combinación de elementos que conozcamos puede superar esta feliz sociedad entre el carbono y el agua líquida para la creación de la vida.

Esta mezcla de elementos puede haber ocurrido en Europa, la luna joviana con la más fuerte posibilidad de existencia de vida. Cuando la astronave Galileo envió imágenes de Europa, vimos que la capa superficial de hielo estaba cubierta de grietas y hendiduras. Estas fisuras parecen indicar actividad tectónica, muy parecida a la actividad tectónica de la Tierra, donde los continentes están siempre en movimiento.

Bajo esta capa superficial de puro hielo, se cree que Europa tiene agua líquida, derretida por la desintegración radiactiva y el calor producido por las mareas. Los científicos difieren en cuanto al grosor de esta capa de hielo. Las estimaciones van desde menos de veinte kilómetros hasta más de ciento cincuenta kilómetros.

No hay pruebas definitivas de que exista agua líquida en Europa. Recientemente, sin embargo, la astronave Galileo descubrió evidencia de que Europa presenta un campo magnético que varía periódicamente. Este descubrimiento tiene como su mejor explicación la presencia de un océano de agua salada debajo de la corteza helada del satélite.

Otra indicación para la posibilidad de vida es la presencia de moléculas orgánicas, que han sido detectadas por la sonda Galileo en Europa.

El espectrómetro mapeador cuasi-infrarrojo de la astronave envió datos indicando la presencia de combinaciones de oxígeno, carbono, azufre, hidrógeno y nitrógeno en el satélite. Estos datos también incluían la sugerencia de la presencia de tholinas, compuestos orgánicos complejos ( N.T.: tholinas = partículas orgánicas pardo rojizas producto de la recombinación de iones y radicales producidos por el paso de la electricidad a través de mezclas de carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno).

Esto no significa que haya vida en Europa. Lo que ahora resulta excitante es la evidencia de que Europa puede tener los tres ingredientes para la vida: calor, agua y materiales orgánicos,” dijo Thomas McCord, geofísico de la Universidad de Hawai.

La sonda Galileo también detectó moléculas orgánicas en los satélites jovianos Calixto y Ganímedes. Como Europa, Calixto y Ganímedes están compuestos por un núcleo rocoso y una capa exterior de hielo. Ganímedes muestra algunas indicaciones de actividad tectónica, mientras que Calixto no. Así, zonas de Ganímedes muestras grietas similares a las de Europa. Calixto, cuya superficie permanece incambiada por cualquier actividad interna, está cubierta con antiguos cráteres de impacto producidos por meteoritos.

Ganímedes, como Europa, tiene una atmósfera con oxígeno, mientras que Calixto parece haber fijado su oxígeno en el hielo y en las rocas. La atmósfera de Calixto está compuesta principalmente por dióxido de carbono. Evidencia reciente producida por el magnetómetro a bordo del Galileo indica que tanto Ganímedes como Calixto pueden también tener océanos líquidos debajo de sus superficies heladas.

La luna de Júpiter Io nos muestra un medioambiente muy diferente de los otros tres satélites gigantes del planeta. Su superficie está liberalmente dotada de volcanes que le dan, en combinación con su riqueza en azufre, una apariencia colorida única. Io es una luna amarillo verdosa moteada con puntos rojos, naranjas, blancos y negros.

Los análisis realizados por Galileo determinaron que la lava de los volcanes de Io alcanza temperaturas de 1.430 a 1.730 grados centígrados, muy en exceso de la alcanzada por la lava terrestre, que alcanza solamente los 1.090 grados centígrados. Io parece contar con suficiente calor y energía como para sostener vida, y tiene una delgada atmósfera de dióxido de sulfuro, pero carece de agua. Los volcanes de Io están constantemente recreando la superficie del satélite, y el intenso calor generado por esta actividad hizo probablemente que toda el agua que pudiera estar presente se evaporara hace miles de millones de años.

Io es uno de los pocos cuerpos del sistema solar de los que sabemos volcánicamente activos (junto con el satélite de Neptuno Tritón, el planeta Venus y, por supuesto, la Tierra). Los datos de la sonda Galileo sugieren que Ganímedes también experimentó actividad volcánica en el pasado, aunque no se cree que siga volcánicamente activo hoy.

Europa podría también presentar actividad volcánica. Ya que los procesos volcánicos de Io son generados por la fricción interna de las mareas, se supone que la más débil fricción de mareas en Europa podría generar una forma menos intensa de vulcanismo. Esta fricción de mareas es causada por los efectos gravitatorios que empujan y tiran del satélite. Cuanto más cercana a Júpiter está una de sus lunas, mayor es la fricción de mareas.

La ocurrencia de actividad volcánica submarina en otros mundos es una perspectiva excitante en la búsqueda de vida microbiana extraterrestre. Hallazgos recientes han mostrado que los sistemas volcánicos submarinos de la Tierra están ligados a una abundancia de formas de vida basadas en el carbono. Estos microbios, llamados termófilos (organismos que gustan del calor extremo) viven y prosperan alrededor de las ventilas hidrotermales en el suelo marino. Si la vida puede realmente originarse en tales ambientes es todavía, sin embargo, algo sumamente controversial.

“Los satélites galileanos se encuentran localizados en una región de temperatura del sistema solar en la que el hielo de agua y otros compuestos volátiles se han vuelto estables a través de la existencia del sistema solar. La composición y química de la superficie de estos cuerpos son de interés ya que proporcionan claves sobre el origen de nuestro sistema solar y porque contienen hielo de agua y pueden contener moléculas orgánicas, que son esenciales para el inicio de la vida,” hace notar McCord.

El mismo Júpiter parece ser una dudosa posibilidad en al búsqueda de vida microbiana extraterrestre. Es cierto que el planeta es cálido y tiene gran cantidad de materiales orgánicos. Júpiter tiene también áreas húmedas y secas como las regiones tropicales y los desiertos de la Tierra. Los telescopios terrestres y de la sonda Galileo han detectado incluso zonas de Júpiter con nubes de agua, que podrían indicar la posibilidad de lluvia. Pero otras características del planeta parecen demasiado extremas como para sostener vida.

Por ejemplo, buena parte de Júpiter está compuesta de hidrógeno metálico líquido, un elemento que solamente es posible con presiones que superen los cuatro millones de bares (la presión atmosférica en la Tierra, al nivel del mar, es de apenas un poco más de un bar). Cualquier tipo de vida que pudiera soportar tales condiciones tendría todavía que enfrentarse a los terribles vientos jovianos, que pueden alcanzar la asombrosa velocidad de 650 kilómetros por hora, el doble que los tornados en la Tierra.

Mientras que Europa parece ser la única parte del sistema joviano que puede tener todos los ingredientes necesarios para cocinar el plato llamado “vida” (agua, moléculas orgánicas y energía calórica), las otras lunas jovianas y el propio planeta Júpiter no pueden ser desechados completamente. Hay mucho sobre esa región del espacio, y sobre la misma existencia de la vida, que no conocemos todavía.

¿Qué sigue a continuación?

La sonda Galileo continúa sus investigaciones acerca del sistema joviano. La Misión Galileo Europa (Galileo Europa Mission: GEM por sus iniciales en inglés) está centrada principalmente en continuar la exploración Galileo del sistema de Júpiter y será precursora de futuras misiones a Europa e Io. GEM realizará un detallado estudio de Europa durante un período de catorce meses, y luego se zambullirá repetidamente a través del toro de plasma de Io para alcanzar al volcánico satélite.



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