Por El grupo de Noticias sobre Astrobiología.

Puede haber existido alguna vez (y quizás todavía la hay) vida en Marte, pero la evidencia apenas se está avivando.
Basado en un comunicado de prensa de la Universidad del Estado de Arizona. (ASU)
Puede haber existido alguna vez (y quizás todavía la hay) vida en Marte, pero la evidencia apenas se está avivando.
Cuando, en 1996, un grupo de investigadores de la NASA presentó varios escritos de evidencia respecto de bacterias fósiles en un meteorito marciano, una ola de excitación recorrió al público y a la comunidad científica por igual. Claro, esa ola fue seguida de una tormenta de controversias. |
Cinco años de escrutinio y debate respecto de las reivindicaciones del grupo de la NASA han devuelto a la Tierra desde entonces, todos sus argumentos menos uno. Los procesos no biológicos y la contaminación podrían explicar los "objetos en forma de bacteria" y los productos químicos orgánicos encontrados en el meteorito, han discutido otros científicos.
Sólo una línea de evidencia para la vida bacteriana en el meteorito prevalece: Los cristales microscópicos de un mineral llamado magnetita. Según los científicos de la NASA, los cristales de magnetita encontrados en el meteorito son tan estructuralmente perfectos, químicamente puros, y tienen tales formas distintivas tridimensionales únicas, que sólo las bacterias podrían haberlos producido, no cualquier proceso inorgánico. Esta afirmación, también, está siendo atacada ahora por los nuevos datos y críticas del equipo de investigaciones de la Universidad del Estado de Arizona y sus colaboradores.
Peter Buseck, Profesor Regente de ciencias geológicas y profesor de química y bioquímica de la ASU, y Martha McCartney, científica de investigaciones del Centro de las Ciencias de Estado Sólido en la ASU, alegan que la semejanza entre los cristales del meteorito y aquéllos en bacterias son a lo más, ambiguas. En el peor de los casos, dicen, los datos usados en el análisis del grupo de la NASA están equivocados.
En su publicación, "Morfología de la Magnetita y Vida en Marte", publicado el 20 de noviembre de 2001, en los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, Buseck y sus coautores afirman que la evidencia para los cristales de magnetita bacterianos en el meteorito marciano es inadecuada. Al hacer esto, ellos pueden haberle cortado el último y tenue punto de sostén de vida al meteorito marciano.
Los cristales de magnetita en el meteorito son diminutos, incluso aún para las normas estándar de un microscopio de electrones, con tan sólo de 40 a 100 billonésimas de metro de ancho. Y ahí esta la clave. La tecnología necesaria para describir la forma tridimensional de tales cristales con precisión sólo se ha sido puesta a disponibilidad en los últimos años, y no se ha usado todavía para estudiar los granos de magnetita en el meteorito. Por consiguiente, dice Buseck, es demasiado pronto para asegurar cuales son las formas exactas de los cristales del meteorito, mucho menos para saber si se corresponden con aquéllas de las bacterias.
El único tipo de microscopio lo suficientemente poderoso para producir imágenes claras de semejantes cristales es un microscopio de transmisión de electrones, o TEM. Usando un haz de electrones en lugar de un haz de luz el TEM permite a los investigadores ver objetos más pequeños que una billonésima de metro. Pero un TEM ve sólo en dos dimensiones. Genera una imagen de la muestra con una silueta espectacular, pero muestra muy poco sobre su espesor.
Una descripción exacta de las formas tridimensionales complejas de los cristales requiere que estos se examinen desde una gran variedad de perspectivas. Diferenciar entre sus facetas planas y los bordes adelgazados, es un desafío particular - cuando se ve de perfil, ambos son bordes rectos indistinguibles. Sólo inclinando cada cristal en decenas de ángulos pueden los científicos, inequívocamente, identificar sus formas tridimensionales, dice Buseck.
En el momento del estudio por el grupo de la NASA, los experimentos de inclinación sólo podían hacerse a mano, con una gran dificultad técnica. "Es una gran cantidad de trabajo y no es muy preciso", dice McCartney. El grupo de la NASA usó este enfoque para crear imágenes de los cristales de magnetita del meteorito y de una cadena de bacterias.
Desde entonces, los científicos que estudian las formas tridimensionales de los cristales han actualizado la tecnología de TEM y la han fusionado con la tecnología de la computadora (ordenador). "Las fases del microscopio y los cambios de haz de luz y enfoque han quedado bajo el control del ordenador, el cual realiza los experimentos mucho más perfeccionados y precisos,” dice McCartney.
Sólo dos laboratorios, Buseck y McCartney y los de sus coautores en Cambridge, han aplicado la nueva tecnología para estudiar las formas del cristal de magnetita. Usando estos nuevos desarrollos, ellos han reexaminado la evidencia descrita en el estudio del equipo de la NASA.
"La forma que [el grupo de la NASA] dijeron, discrepó de lo que nosotros pensamos que era la forma ", dice McCartney. Esta diferencia genera la pregunta de sí las formas de los cristales del meteorito se conocen de forma precisa y si la pretensión de una comparación exacta - única evidencia restante para demostrar la vida bacteriana en el meteorito - es real.
El equipo de Buseck también critica otros puntos de apoyo de la pretensión de vida marciana. El grupo de la NASA sólo seleccionó el 27 por ciento de todos los cristales de magnetita presentes en el meteorito marciano para compararlos con los cristales bacterianos. El equipo de Buseck implícitamente se cuestiona respecto de ambos, la objetividad de la selección y el efecto de una comparación tan limitada en sus conclusiones.
Más aún, Buseck y el equipo de McCartney demuestran que las formas de los granos de la magnetita bacteriana varían más de lo que los científicos habían pensado previamente. Las formas y tamaños difieren entre las cadenas bacterianas e incluso dentro de las propias bacterias individuales. Esa amplia variación hace aún más probable que los granos de magnetita meteorítica y los de las bacterias, podrían dar la impresión de parecerse por una simple casualidad.
Ante la escasez de datos lo suficientemente precisos y basándose sólo en un análisis muy reducido, las pretensiones del equipo de la NASA deben de ser consideradas como meras suposiciones, alegan Buseck y sus coautores.
Sin embargo, ellos no han eliminado la posibilidad de que los cristales marcianos pudieran tener un origen biológico. Con tecnología más avanzada ahora a su disposición, Buseck y sus colaboradores planean realizar estudios más conclusivos respecto de los cristales de magnetita del meteorito y varias cadenas de bacterias terrestres.
"Los observaremos de una manera mucho más detallada de lo que nadie haya sido capaz de hacerlo anteriormente,” dice Buseck.
Buseck y los coautores de McCartney en la publicación de prensa son Rafal Dunin-Borkowski, Paul Midgley, Matthew Weyland (todos de la Universidad de Cambridge, Inglaterra), Bertrand Devouard (de la Universidad Blaise Pascal, Francia), Richard Frankel (de la Universidad Politécnica del Estado de California), y Mihály Posfai (de la Universidad de Veszprém, Hungría).